El último invierno

24 Oct

Bueno, aunque muchas personas piensen que los programadores somos una especie de robots con piel de humano, también tenemos sentimientos. Acá va mi primer escrito y espero que les guste…

 

 

El último invierno – Fernando Gaitán

Aún recuerdo aquella madrugada de Diciembre, entre las fiestas de fin de año. Yo te conocí estando en el otro lado del continente. Yo en mi verano fugaz y vos en tu verano infinito.

Desde el primer día que te vi supe que iba a amarte toda mi vida, y supe que debías ser mía, aun aunque eso fuese una locura. Eras hermosa, eras perfecta. En aquella noche, desvelado, yo vi tu rostro y pensé que era un regalo de Dios, para mí, para vos.

Me rogaste que mordiera la manzana prohibida para estar con vos, y yo con dudas, pero sin resistencia te concedí. Era todo hermoso, era un paraíso lejano, un horizonte magnífico, ¿pero cómo llegar? Era una tontería, era mi trampa.

Y así fue durante años, un cristal nos separó y alejó nuestros cuerpos, pero un hilo invisible nos mantuvo unidos, un hilo irrompible. Desde un escaparate como un espectador en primera fila vi tus años pasar, y tus sueños volar. Me hiciste feliz. Nada malo podía pasarme, porque yo te tenía, porque las mañanas de invierno ya no eran tan frías, y a la noche mi corazón de hielo lo curabas con tu calor, con tu sonrisa iluminada por el sol.

Alguna vez, como un imposible que fue posible por fin toqué tu piel, y rompimos ese cristal. Nuestros cuerpos se unieron, y se quedaron pegados. Sólo vos y yo sabemos la tristeza que hay en cada despedida, sabiendo que durante días no te volveré a ver. Todo parecía indicar que nada malo podía pasarnos, que aun destruidos nos teníamos, y que yo podía darte todo, sin tener nada, sólo con pedirlo.

Pero una mañana de invierno de Julio lo inesperado pasó, la caja de Pandora siempre existió, pero nunca pensé que pudieses abrirla, parecía mentira. Algunas veces pienso y suplico en que esto sea sólo una pesadilla y voy a despertarme y vos estarás ahí, durmiendo con tu rostro de princesa. Pero no, todo tiene sentido, y nunca lo quise ver. Tus ojos tristes, y tu sonrisa de burla.

Fuiste y serás el punto que separa mi pasado y mi presente, con vos volví a nacer, sin vos me siento morir. Ahora entiendo porque nací en esta tierra con cuatro estaciones. El invierno es desilusión, la primavera dolor, el verano olvido y el otoño esperanza. Como una rueda todo vuelve a girar y nos da vueltas, nos sube y nos baja, como el viento a las hojas de un árbol.

Ahora sólo me queda olvidarte, y esperar el verano, luchando porque tu recuerdo se muera en un cajón. Y ahora sé que ese cristal ya no existe, pero de nada sirve porque en su lugar hay una pared de roca que jamás se moverá. Y ahora sé que ese hilo invisible era frágil, tan frágil como tus ganas de llorar, como mis sueños sin vos. Y no importa si nuestros caminos paralelos alguna vez se cruzaron, porque ahora somos los más parecidos a dos desconocidos.

En mi próxima Navidad recordaré la puerta de aquella casa y tus palabras: “te amo, estaremos juntos para siempre.”, nunca digas para siempre. El invierno se voló y vos te fuiste como el frío. Pero el cielo es igual en cualquier lugar, y la vida continúa. Espero que algún día me recuerdes y sepas que este sueño alguna vez pudo haber sido real.

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