Final: ¿Sería muy fácil matarte?

19 Sep

Al caer la noche, tomé mi antena y quedé observándola un buen rato. Ya no se emitían mensajes desde hacía mucho tiempo. Aunque los únicos que me importaban eran los de ella: mi libre prisionera. Rompí la antena con mis manos bestiales, y luego quité la caja de cristal de su lugar e hice lo propio. Finalmente me eché a dormir.

Tuve un sueño hermoso, en el que mi muñeca de cera y yo nos dormíamos en la playa, yo podía sentir su cuerpo abrazado al mío, sintiéndose segura y sin miedo. Tal vez ése podría haber sido mi futuro, pero nunca lo fue, ella había quedado atrapada en mi pasado.

Al despertar, vi por los barrotes de mi prisión a esa gente tan desagradable, haciendo lo de siempre, riéndose y viviendo esa vida cómoda y sin preocupaciones. Algunos se burlaban de mí, me insultaban y me arrojaban cosas. Me centré en mis pensamientos, como no dándole importancia… Ok, se terminó.

Ya sabía cuál era la solución, y no tenía sentido seguir posponiéndola, iba a ir por él: por el idiota que me había encerrado en esta jaula, por el ladrón, el que había encerrado a mi muñeca de cera en el pantano. No había forma alguna de detenerme, su muerte sería mi libertad.

Me paré y puse mis manos en los barrotes, hacía mucha fuerza, pero no podía moverlos, lo intenté así un buen rato, hasta que finalmente me cansé. Una mujer que pasaba por ahí se dio cuenta, y se empezó a reír de mí, los que estaban a su alrededor hicieron lo propio.

Finalmente algo extraño envolvió mi cuerpo, como una sensación de vértigo, una luz iluminó mi piel, y mi aspecto de animal salvaje comenzó a desaparecer, en su lugar de un blanco pálido, y supe lo que debía hacer. La luz derritió la puerta de la jaula y salí por fin.

Los idiotas del carnaval empezar a correr y a gritar por la playa, asustados. Dos guardias corrieron hacia mí. Tomé la espada que guardaba en mi jaula, y uno de ellos rápidamente me tumbó en el suelo, mientras que el otro me quitó la espada.

El primero me levantó, pero mi cuerpo empezó a hacer chispas de luces de color, el guardia empezó a electrocutarse, toque su cara con mi mano izquierda y las chispas se apagaron, cuando me di cuenta que el tipo salía volando por los aires, producto de una descarga eléctrica. El segundo soltó mi espada, y quiso agarrar su revólver, pero yo fui más rápido y lo empujé con mi mano derecha, dándole otra descarga. Tomé mi espada y continué.

Empecé a caminar entre, y a buscarlo a él, al maldito idiota, que había provocado todas mis desgracias, hasta que por fin lo encontré, rodeado de dos mujeres, y algunos amigos más. Su figura refinada, y su sonrisa soberbia era una de los rasgos que yo más aborrecía. De pronto él, junto a su grupo se percataron de mi presencia, y su sonrisa pareció borrarse por unos instantes, hasta que volvió en una desafiante.

Íbamos a enfrentarnos por fin, todos se asustaron de mí, excepto él, que era un hombre grande y bien diestro para la lucha. Empezó a hacer chistes, demostrando su lado más fanfarrón:

– ¿Qué pasa? ¿Te tengo que encerrar otra vez? –me dijo

Corrió hacia mí y me tumbó de un puñetazo, mi espada cayó al suelo y quiso levantarla, pero yo me levanté rápidamente y lo empujé, mi espada fue a parar varios metros, pero a él apenas lo moví, acto seguido me tomó por el cuello y me levantó con su brazo derecho.

– Voy a despedir a los guardias que te dejaron salir, al menos debo admitir que me estoy divirtiendo un poco, y de paso divierto a mis amigos, dándote una paliza

– ¿Por qué no terminas con esto y me matás de una puta vez, cobarde?

– Antes, voy divertirme un rato más –dijo, mientras apretaban más fuerte su mano, dejándome a punto de perderme por completo

Mis manos, que hasta hace un rato, apretaban su brazo, ahora se dormían, soltándolo. Entonces él empezó a burlarse:

– Te voy a dar la opción, de que sigas siendo la diversión del carnaval, no entiendo cómo tomaste este aspecto tan humano. Casi ni me doy cuenta que sos vos

– Bueno, pero prometeme que ya no voy a ver tu cara

– Como tampoco vas a ver más la de tu muñequita. O mejor dicho, mi muñequita. Debería ir al pantano a hacerle una visita.

Pero fue un error para él haber dicho eso, en cuanto pronunció las últimas palabras, mi cuerpo comenzó a emitir energía eléctrica, y él simplemente empezó a electrocutarse, hasta que por fin salió volando por los aires. Corrí hacia él y lo golpeé tan fuerte, que su rostro comenzó a desfigurarse.

Uno de sus hombres vino corriendo hacia mí, con mi espada, tratando de herirme, fui más rápido y tuvo la misma suerte que su jefe, dejando la espada en el suelo, la cual tomé. Me extrañó, que mi enemigo no me haya atacado, pero seguía ahí tirado en el suelo, con su rostro de príncipe, que ahora parecía más el de un cerdo desangrándose, sin poder levantarse. Apunté la espada a su rostro y le dije:

– Vos sos el culpable, de todo, si vos no existieras, nada de esto hubiese pasado, hijo de una gran puta

– No, no… yo, no quise… perdón… no quiero morir –dijo, con lágrimas en los ojos

– Sí, vos –apreté la punta de la espada en su cuello, provocándole dolor

– No me mates, por favor. ¡TE LO RUEGO!

– Estás quedando como un cobarde

– No me mates

– ¿Sería muy fácil matarte, no?

– No me mates

Finalmente tomé mi espada y la levanté sobre su cabeza, él iba a morir, no había forma alguna de detenerme, pero cuando la espada descendió para decapitarlo, se detuvo, y vi sus ojos llorar, como las de un niño atemorizado.

– Quiero que te levantes y te vayas, no quiero volver a verte –Le dije –Quiero que envíes un mensaje a tus guardias, que liberen a M. Cera del pantano. Si te vuelvo a ver, te voy a matar, y tenelo por seguro que estoy hablando en serio

Me miró sorprendido, con lágrimas en los ojos y empezó a caminar con dificultad, todos lo siguieron.

Me quedé mirándolos, mientras se alejaban en la playa. Luego giré y empecé a caminar, enterré mi espada en la arena, y de lejos vi mi jaula. Ahora era libre.

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