La muñeca de cera

16 Sep

Algún idiota me encerró en esta jaula, oscura, monótona y gris. Y desde aquí puedo ver el mundo vivir un carnaval eterno, de colores y sonrisas. Por momentos me siento parte de él, pero no, yo no soy de allí, soy el animal que espanta a los humanos, amoldados al mundo que gira como ellos quieren que gire.

Pero sí, fue algún idiota el que me encerró aquí. Quisiera buscarlo y encontrarlo, tomarlo por la espalda, tumbarlo en el suelo y golpear su cabeza tantas veces, que ésta reviente con el frío suelo, y hacerlo pagar por todo este mal que hoy me envuelve y me ahoga, en una agonía que parece no tener fin. Luego recuerdo que eso provocaría sangre, y la sangre me impresiona. Sería más fácil ahogarlo o electrocutarlo, pero no, amo a cada criatura de este mundo, aunque ese amor no es correspondido, mejor perdonar y seguir como si nada.

Recuerdo que alguna vez tuve una muñeca de cera, en una caja de cristal; llorona, nostálgica, alegre y vanidosa. Fui su esclavo, su amo, su amigo y su guardián. Cada lágrima que caía por sus delicadas mejillas, era mi mayor tristeza; entonces la limpiaba, la curaba, le consolaba, y la hacía dormir. La misión al final del día, era lograr ver a la muñeca sonreír. Pero luego la muñeca se marchó, abandonó su cajita de cristal, que entre telarañas y polvos, pasan los años y sigue ahí.

¡Ey, vos! Recordá, ser despreciable, egoísta e interesado, que es muy fácil dejarse llevar, por lo que tus ojos quieren ver. Porque el príncipe de las tinieblas no tiene aspecto de bestia, tiene un rostro hermoso y una voz dulce y seductora. Tal vez sea más fácil para vos, hacer lo que el resto de los mortales te digan, porque nadie entiende de qué va la cosa, y todos saben lo que hay que hacer.

Creía que la muñeca de cera se había perdido. Pensé en un camino cósmico en una dimensión luminosa y pacífica. Pensé en una playa en el Caribe, y también pensé en Europa. Pero la muñeca está prisionera en un pantano, dice que es más horrible que la caja de cristal. Ya no puedo hacer nada por mi bella muñeca ¡Oh, cierto, ya no es mi muñeca, claro que no!

El ladrón de la muñeca es hermoso, y tiene una voz dulce y seductora, creo que tengo una espada, debería no mirar la sangre. Habrá mucha sangre. Aun no sé su ubicación. Pero desprecio su sonrisa, su andar tan seguro.

Alguien me mira del otro lado de mi prisión, alguien se burla de mí. No puedo más que hacer que mirar su rostro. Necesito un tiempo para pensar, para vencer viejos temores y conseguir nuevos valores. Necesito romper mi propia caja de cristal y comenzar de nuevo. Sé que las cosas van a cambiar. Nada va detenerme.

Redes sociables

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